¿Por qué en España un 12% de los votos puede valer cero escaños?

El 23 de julio de 2023, un partido sacó el 12,31% de los votos en España y se quedó sin representación en decenas de provincias. Otro consiguió siete escaños con menos del 2%. No fue un fallo del sistema — es exactamente cómo está diseñado. Te explico el mecanismo, comparado con Suecia.

¿Por qué en España un 12% de los votos puede valer cero escaños?

El 23 de julio de 2023, un partido sacó el 12,31% de los votos en toda España y se quedó sin representación en numerosas provincias. Ese mismo día, otro partido consiguió siete escaños con menos del 2% del voto nacional. Si tu primera reacción es pensar que algo falló, tengo una mala noticia: no falló nada. El sistema electoral español está diseñado exactamente para producir ese resultado.

Cuando empecé a comparar el sistema sueco con el español para esta serie, la pregunta que me hice fue simple: ¿por qué dos democracias, las dos con 18 años de mayoría de edad electoral, las dos con listas y representación proporcional, acaban produciendo parlamentos tan distintos? La respuesta corta es que Suecia diseñó su sistema para que el resultado final se parezca al voto real. España no. Vamos al mecanismo.

¿Y si tu voto valiera lo mismo lo votes donde lo votes?

En Suecia, el Riksdag tiene 349 escaños. 310 son fijos, repartidos entre 29 circunscripciones según su población. Pero los otros 39 son la pieza que cambia todo: se llaman escaños de nivelación (utjämningsmandat) y su única función es corregir. Se calcula qué reparto "ideal" le correspondería a nivel nacional a cada partido que supere el 4% del voto, y esos 39 escaños se usan para acercar el resultado final a ese ideal.

España no tiene nada parecido. El Congreso reparte sus 350 escaños entre 52 circunscripciones provinciales, muchas de solo 2 a 7 escaños, sin ningún corrector nacional. Ahí es matemáticamente imposible que un voto pequeño y disperso por todo el país se traduzca en representación proporcional a su tamaño real.

Y dentro de cada circunscripción, el método de reparto tampoco es el mismo. España usa D'Hondt: divides los votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4... y el escaño va al cociente más alto en cada ronda. Suecia usa Sainte-Laguë modificado: divide entre 1,2 primero, y luego entre 3, 5, 7, 9 — números impares.

Para verlo con números simples (no reales, solo ilustrativos): imagina 100.000 votos entre tres partidos —uno con el 45%, uno con el 30%, uno con el 25%— repartiendo 10 escaños. Con D'Hondt, el resultado es 5-3-2: el partido grande se lleva medio parlamento. Con Sainte-Laguë modificado, el resultado es 4-3-3: el grande pierde un escaño y el pequeño lo gana. Nadie hace trampa en ningún caso, es matemática pura — pero una matemática empuja sistemáticamente hacia arriba a los partidos grandes, y la otra es más neutral entre tamaños.

A esto se suma el umbral: en Suecia es del 4% a nivel nacional (o 12% dentro de una sola circunscripción). En España es del 3%, pero por circunscripción — en una provincia de 3 escaños ese número no protege a nadie, la barrera real es el tamaño del distrito, no el porcentaje.

Y hay un último detalle que cambia la relación entre el votante y su papeleta: desde 1998, Suecia tiene voto preferencial (personval). Puedes marcar a un candidato concreto de la lista de tu partido, y si consigue al menos el 5% de los votos de ese partido en tu circunscripción, sube posiciones aunque estuviera al final de la lista. En España las listas son cerradas y bloqueadas — lo que ves en la papeleta es el orden que decidió el partido, sin que tú puedas tocarlo.

Un detalle curioso que se me quedó grabado investigando esto: en Suecia cada partido tiene su propia papeleta, de un color distinto —amarilla para el Riksdag, azul para las regiones, blanca para municipios—. Y hasta 2019, los votantes las cogían a la vista de todo el mundo, sin ninguna pantalla. La Comisión Europea llegó a cuestionar si eso era realmente secreto.

¿Sabías que el partido más votado en 2022 no tiene un solo líder?

Antes de llegar al partido más polémico del Riksdag, vale la pena entender de dónde viene cada uno de los ocho que hoy tienen representación.

Los Socialdemócratas son el partido más antiguo, fundado en 1889, nacido ligado al sindicalismo. Su idea central es el folkhemmet, "el hogar del pueblo" — una frase de 1928 de Per Albin Hansson: "el buen hogar no conoce privilegiados ni postergados". Gobernaron casi sin interrupción de 1932 a 1976: 44 años. Hoy los lidera Magdalena Andersson, la primera mujer primera ministra de Suecia.

Los Moderados, conservadores desde 1904, cambiaron de nombre en 1969 porque la palabra "derecha" se había vuelto tóxica electoralmente. Hoy son liberal-conservadores; su líder, Ulf Kristersson, es primer ministro desde 2022. El Centro nació en 1913 como Liga de Campesinos y protagonizó con los socialdemócratas el "trueque de las vacas" de 1933, antes de virar hacia el liberalismo social. Los Liberales, fundados en 1934, fueron durante décadas la principal oposición; en 2022 rozaron el umbral con solo el 4,61%. El Partido de la Izquierda viene de una escisión socialdemócrata de 1917 y no abandonó su etiqueta comunista hasta 1990. Los Democristianos, fundados en 1964, están liderados desde 2015 por Ebba Busch, hoy viceprimera ministra.

Y luego están los Verdes, nacidos en 1981 tras el referéndum nuclear de 1980, con una particularidad que siempre sorprende a quien no conoce el sistema sueco: no tienen un único líder. Tienen dos, siempre, un hombre y una mujer — los språkrör, los portavoces.

El caso que deja pensando a más gente es el de los Demócratas de Suecia, fundados en 1988 en el entorno de una organización que se llamaba literalmente "Mantengamos Suecia sueca"; su primer presidente venía de un partido neonazi. Bajo el liderazgo de Jimmie Åkesson, desde 2005, el partido expulsó a los elementos más extremos y en 2006 cambió su logo — de una antorcha llameante a una anémona. Entraron al Riksdag en 2010 con el 5,7% de los votos. En 2022 ya eran el segundo partido más votado: 20,54%, 73 escaños. (Vale la pena una nota de honestidad aquí: el origen del partido es objeto de debate historiográfico. Hay consenso amplio en sus vínculos con la extrema derecha y en que varios fundadores tenían pasado neonazi, pero académicos como Duncan McDonnell señalan que el partido nunca fue formalmente fascista o neonazi como organización.)

Estos ocho partidos se han movido durante décadas entre dos bloques, el rojo-verde y el burgués. En 2004 los cuatro partidos de centro-derecha formaron la Alianza, que gobernó con Fredrik Reinfeldt de 2006 a 2014. Y en enero de 2019, un pacto de 73 puntos entre socialdemócratas, Centro, Liberales y Verdes rompió por completo ese eje tradicional. Tras 2022, el mapa lo marca el Acuerdo de Tidö entre Moderados, Democristianos, Liberales y los Demócratas de Suecia — el partido que hace quince años era marginal.

¿Por qué Suecia tiene 349 escaños y no 350?

Hay una calle en Estocolmo, Sveavägen, donde el 28 de febrero de 1986 asesinaron a un primer ministro en pleno paseo, sin escolta, volviendo del cine con su mujer. Olof Palme, primer ministro entre 1969 y 1976 y otra vez entre 1982 y 1986, fue el rostro internacional del socialismo democrático sueco, crítico abierto de la guerra de Vietnam. Su asesinato fue el primer magnicidio de un líder sueco desde 1792, y el caso, oficialmente, sigue sin resolverse — en 2020 la fiscalía señaló a un sospechoso ya fallecido, Stig Engström, pero esa conclusión sigue siendo discutida por juristas y periodistas.

Ese asesinato llegó diez años después de que el bloque socialdemócrata perdiera el poder por primera vez en 44 años, en 1976. Y todo esto ocurre dentro de un país que en 1970-71 pasó de un parlamento bicameral a uno unicameral, y que en 1973 tuvo un empate de 175 contra 175 que obligó a decidir votaciones por sorteo. Por eso, desde 1976, el Riksdag tiene 349 escaños y no 350: un número impar, elegido a propósito, para que ese empate no pudiera repetirse.

Mientras Suecia tenía 44 años seguidos casi sin cambiar de gobierno, España en esa misma época no tenía elecciones. Franco murió en noviembre de 1975. La primera elección libre fue el 15 de junio de 1977, ganada por la UCD de Adolfo Suárez. La Constitución llegó en diciembre de 1978, con un 87,78% de votos a favor.

Entonces, ¿por qué un sistema refleja el voto real y el otro no?

No es cultura, y no es que los suecos sean "más ordenados". Es una decisión de ingeniería electoral tomada en los años 70 y nunca corregida en España desde 1977: un corrector nacional que existe en un país y no en el otro, un método de reparto más neutral frente a uno que favorece a los grandes, y un umbral que protege de verdad frente a uno que solo lo hace sobre el papel.

En el próximo capítulo entramos en las elecciones de septiembre de 2026: los partidos actuales, las encuestas, y qué bloque tiene más papeletas para gobernar.