"La vieja memoria": las voces que vivieron el 18 de julio

"La vieja memoria": las voces que vivieron el 18 de julio

Hoy, 18 de julio, se cumplen noventa años de la sublevación militar de 1936 contra la Segunda República española, el acontecimiento que en cuestión de días dejó de ser un golpe de Estado fallido para convertirse en una guerra civil de casi tres años. Pocas películas han intentado capturar ese periodo directamente de la voz de quienes lo protagonizaron, desde bandos opuestos y sin narrador que dirima entre ellos, como lo hizo La vieja memoria, el documental de Jaime Camino cuyos testimonios sirven de columna vertebral a este artículo. Te la traigo aquí, remasterizada:

Qué es "La vieja memoria"

La vieja memoria es un documental español rodado entre el otoño de 1976 y enero de 1978, en plena Transición, y estrenado comercialmente el 13 de marzo de 1979. Dirigido por Jaime Camino, con guion suyo junto a Román Gubern, reúne entrevistas a una veintena de protagonistas directos de la Segunda República y la Guerra Civil, procedentes de bandos y facciones enfrentadas entre sí: republicanos moderados, comunistas, anarcosindicalistas, socialistas, nacionalistas catalanes, monárquicos, falangistas y militares tanto del bando republicano como del sublevado.

Entre los entrevistados figuran nombres de peso histórico ineludible: Dolores Ibárruri ("La Pasionaria"), la dirigente comunista entrevistada en su exilio moscovita; Federica Montseny, ministra anarquista de Sanidad en 1936-37; Diego Abad de Santillán, teórico anarquista; Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Catalunya en el exilio; Federico Escofet, comisario de Orden Público de la Generalitat durante la sublevación en Barcelona; José María Gil-Robles, líder de la derecha católica de la CEDA; Raimundo Fernández-Cuesta, dirigente falangista; Enrique Líster, militar comunista del Ejército Popular; y José Luis de Vilallonga, entre otros muchos.

La película fue rodada por un equipo de fotografía notable —José Luis Alcaine, Teo Escamilla, Tomás Pladevall, Francisco Sánchez y Magí Torruella— con música de Xavier Montsalvatge, y producida por Profilmes. Con una duración cercana a las tres horas, obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de San Sebastián de 1978 y el Premio Sant Jordi a la mejor película española, aunque su distribución posterior fue limitada pese a su valor documental.

Lo más singular de La vieja memoria es su método de montaje. Camino no impone una voz en off que jerarquice los testimonios; en su lugar, monta las declaraciones de personajes que nunca compartieron plató como si estuvieran dialogando entre sí, alternando plano y contraplano de manera que un anarquista parece responder a un falangista, o una comunista parece rebatir a un dirigente de la CEDA, aunque en realidad cada uno habló por separado, sin haber visto lo que el otro diría. El resultado es un contrapunto de memorias irreconciliables sobre los mismos hechos: la proclamación de la República, la reforma agraria, el ascenso de la Falange, el estallido de la guerra y la derrota final.

El sueño republicano y sus grietas (1931-1936)

El documental arranca, como la propia historia que narra, con la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, tras unas elecciones municipales que dieron un triunfo abrumador a las candidaturas republicanas y de izquierda en las grandes ciudades. El rey Alfonso XIII abandonó el país sin que se disparase un solo tiro, lo que llevó a muchos de los testimonios recogidos por Camino a describir aquella república como un régimen que "llegó en bandeja", nacido de una ilusión colectiva casi ingenua tras años de dictadura de Primo de Rivera y de una monarquía percibida como agotada.

Esa ilusión inicial, sin embargo, se fracturó casi de inmediato, y los propios entrevistados —desde ángulos opuestos— coinciden en señalar las mismas causas estructurales sin coincidir en las culpas. Para las voces de izquierda que aparecen en el filme, la República fracasó porque los gobiernos republicano-socialistas no resolvieron a fondo los problemas de fondo del país: la cuestión de la tierra, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y la reforma del Ejército. La reforma agraria, insisten varios testimonios, se quedó a medias: hubo intentos, pero nunca se llegó a desmontar el poder de los grandes terratenientes ni el caciquismo que atenazaba a los pueblos, en un país que aún registraba muertes por hambre en los años de sequía.

Para las voces conservadoras y católicas, en cambio, el fracaso se debió a lo que califican de política "sectaria" y persecutoria contra la Iglesia y las clases propietarias, incapaz de encauzar el cambio dentro de un marco de concordia nacional. El propio cardenal Segura, primado de Toledo, es recordado en el documental por haber recibido la proclamación de la República con una invocación pidiendo que la maldición divina cayera sobre España si esta llegaba a consolidarse.

Dentro de la propia izquierda, el filme también recoge la fractura entre quienes —sobre todo en el ámbito anarcosindicalista de la CNT— defendían dar tiempo a la República para demostrar su capacidad de reforma, y el sector más extremista, que consideraba que una "republiqueta burguesa" limitada a conceder mejoras cosméticas a la clase obrera acabaría por apagar el espíritu revolucionario que ya existía en España y, sobre todo, en Catalunya. El documental dedica también espacio a las aspiraciones autonomistas catalanas, vascas y gallegas que muchos esperaban ver reconocidas por la nueva república federal.

El ascenso de la Falange y la derechización

En paralelo a estas tensiones internas del campo republicano, La vieja memoria traza el ascenso del fascismo español encarnado en Falange Española, fundada en octubre de 1933 por José Antonio Primo de Rivera, hijo del antiguo dictador, en el contexto europeo de la subida de Hitler al poder y la expansión de los partidos nazi-fascistas por el continente. Los testimonios recogidos por Camino discrepan radicalmente sobre la figura de José Antonio: mientras algunos lo describen como un hombre arrastrado por "mimetismo" hacia la corriente totalitaria de camisas negras y camisas pardas que dominaba entonces Europa, otros —cercanos ideológicamente a él— insisten en que jamás promovió un espíritu de violencia salvo como respuesta defensiva ante ataques previos, y que su gesto era, en sus palabras, una actitud "varonil" ante la amenaza.

El triunfo electoral de la derecha en 1933 es otro punto de inflexión que el documental recorre a través de sus protagonistas, en el tramo previo a la radicalización de octubre de 1934 y a la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, el preludio inmediato del golpe.

El 18 de julio y el estallido de la guerra

El núcleo dramático de La vieja memoria —y el motivo por el que vuelve a ser pertinente en cada aniversario— es la reconstrucción coral de la sublevación militar del 17 y 18 de julio de 1936, iniciada en el Protectorado español de Marruecos y extendida de inmediato a la península. En Catalunya, el documental cuenta con el privilegio de haber entrevistado a dos protagonistas directos de esos primeros momentos de confusión desde el punto de vista republicano: Federico Escofet, comisario de Orden Público de la Generalitat, y Josep Tarradellas, entonces consejero de Gobernación, cuyos testimonios describen la reacción de las autoridades catalanas y de las milicias populares ante el intento golpista en Barcelona, donde la sublevación fracasó gracias a la resistencia de fuerzas leales al Gobierno y de columnas obreras armadas.

Esa misma jornada, en el resto de España, el golpe triunfó en unas zonas y fracasó en otras, fracturando el país en dos y abriendo una guerra que se prolongaría casi tres años. El documental sigue después el desarrollo del conflicto a través de quienes lo combatieron desde distintos frentes y responsabilidades: mandos militares profesionales, comunistas como Enrique Líster al frente del Ejército Popular, y dirigentes políticos que, ya en la derrota, ajustan cuentas retrospectivamente sobre las decisiones tomadas durante la contienda —incluidas críticas muy duras de algunos testimonios hacia el propio presidente de la República en el exilio, acusado por sus antiguos correligionarios de "derrotismo".

El exilio y el final

Los tramos finales del documental, coherentes con el material de los subtítulos consultados para este artículo, abandonan el terreno de la estrategia militar para adentrarse en el territorio íntimo de la derrota: el paso de la frontera hacia Francia en los últimos días de enero y primeros de febrero de 1939, con cientos de miles de personas —soldados y población civil— cruzando los Pirineos hacia el exilio. Uno de los testimonios recogidos por Camino describe, en catalán, el momento de detenerse en el punto más alto del camino, justo en la frontera, y mirar hacia la vertiente española antes de continuar hacia Francia: la imposibilidad de contener las lágrimas de tristeza, de pena y de vergüenza por abandonar la patria, la familia, sin saber si volvería a verlas, y el recuerdo de la vergüenza de dejar atrás miles de hombres sin combatir hasta el final.

Otro testimonio, ya en primera persona militar, narra la orden de entrega de armas a las autoridades francesas en la frontera la noche del 9 al 10 de febrero de 1939, y el contraste amargo que señala: esas mismas tropas francesas que exigieron el desarme de un ejército que había resistido casi tres años de guerra serían arrolladas por la Wehrmacht en apenas 40 días unos meses después, en la primavera de 1940.

Por qué esta película sigue importando

La vieja memoria se rodó en un momento muy concreto: la Transición española, cuando buena parte de sus protagonistas —la mayoría ya con edades cercanas a los ochenta años— vivían todavía, muchos de ellos en el exilio, y la urgencia de recoger su testimonio antes de que desapareciera era, según explicó el propio Camino, la motivación inicial del proyecto. De las aproximadamente diez veces más de material rodado que el que llegó a la sala de montaje, Camino y Gubern construyeron una estructura que no busca un relato único y reconciliado de la guerra, sino que expone deliberadamente sus fracturas: anarquistas, comunistas, falangistas, republicanos moderados y militantes del POUM se contestan entre sí sin que el documental dictamine quién tiene razón.

Historiadores del cine documental español han señalado que la película se inscribe en una primera oleada de "cine de la memoria" surgida tras la muerte de Franco —junto a títulos como ¡Arriba España! (1976) o ¿Por qué perdimos la guerra? (1977)— que buscaba, por primera vez en libertad, dar voz simultánea a las distintas memorias de la guerra, incluida la de los vencidos, en un país que apenas empezaba a debatir públicamente su pasado reciente. Ese mismo debate sobre la memoria histórica sigue vigente hoy, noventa años después de aquel 18 de julio, lo que explica por qué un documental rodado hace casi cinco décadas conserva plena actualidad: las voces que reunió Camino ya no pueden repetirse —casi todos sus protagonistas han muerto—, lo que convierte a la película en uno de los pocos registros audiovisuales directos que quedan de quienes vivieron la Segunda República y la guerra como adultos y actores políticos, no como niños o testigos pasivos.