Mis impresiones sobre las JPOD 25
Este año y tras 9 años sin hacerlo, estuve en las JPOD25 y estas son mis impresiones.
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Volver a las JPOD en casa: crónica personal desde Terrassa
Llevaba nueve años sin pisar unas Jornadas de Podcasting. Nueve. Entre fechas que no cuadraban, producciones de vídeo y audio que me comían el calendario y presupuestos ajustados, las JPOD se habían ido quedando en ese espacio mental de “algún día volveré”.
Ese “algún día” llegó cuando anunciaron que este año se celebraban en Terrassa, mi ciudad. Ahí la cosa cambió: dormir en casa de mis padres, ver a mi familia, ahorrarme el hotel… y, de paso, reencontrarme con una parte muy importante de mi historia como podcaster.
Este artículo es la versión en texto del capítulo de Maestro Podcaster que grabé literalmente “en movimiento”, mientras paseaba a Rico. Aquí te lo cuento ya con algo menos de ruido de coches y con las ideas ordenadas.
Un regreso esperado (y más barato)
Viajar desde Suecia no es precisamente barato, pero al menos el hecho de que las jornadas fueran en Terrassa ayudaba: nada de hotel, logística sencilla, familia cerca.
Las JPOD arrancaron el viernes, aunque yo no pude llegar a la parte de la mañana porque tenía cosas que hacer en Barcelona. Preferí quitármelas de encima y así dedicar el fin de semana entero a las jornadas.
Las primeras personas con las que me crucé fueron Edu y Elena, que vinieron desde Suiza. Con Edu habíamos planeado un directo conjunto de Ensuizados y Haciendo el Sueco para el domingo, pero ya desde el viernes empezamos a ponernos en modo JPOD.
El recinto y la organización
El evento se celebró en un auditorio cerca del Conservatorio de Música de Terrassa: amplio, cómodo y con un equipo técnico de la propia sala que se encargaba de buena parte del apartado audiovisual.
La organización de las jornadas, en general, estuvo muy bien. Se notaba el trabajo de la gente que lo hacía “por amor al arte”, en su tiempo libre y sin cobrar. Eso siempre se tiene que agradecer, sobre todo en un evento que no es comercial ni corporativo, sino comunitario.
Aun así, hubo un tema que dio bastante que hablar: el sonido.
Cuando el sonido no está a la altura del podcasting
En un evento de podcasting, el audio no es un detalle: es lo importante. Y aquí hubo un fallo clave:
Para emitir en YouTube, la señal de audio tenía que salir de la mesa de mezclas del auditorio hacia un Mac. La mesa entregaba audio por XLR/TRS, y el ordenador necesitaba una entrada tipo TRRS (el típico minijack de 3,5 mm con tres anillos: auriculares + micrófono). El problema es que no había adaptador.
Resultado: en lugar de usar el sonido limpio de la mesa, el directo se hizo con el audio del micrófono integrado de la cámara, situada a varios metros del escenario. No es un desastre absoluto, pero sí un bajón considerable para un evento cuyo eje es, precisamente, el sonido.
No hablo de tener micrófonos “de alta gama” ni sistemas carísimos: pero un par de adaptadores, algo de previsión y cierta obsesión por el audio marcan la diferencia entre “se oye” y “esto suena como debería sonar en unas jornadas de podcasting”.
Ritmos distintos, cenas tardías
Un choque curioso fue el de los horarios. Llevo años acostumbrado a cenar temprano, sobre las 7 de la tarde. En Terrassa, como en gran parte de España, las cenas se alargan hasta las 9, las 10 o incluso las 11 de la noche.
Después de cenar tan tarde, lo único que me pedía el cuerpo era cama, no socializar ni seguir de cañas. A Edu le pasó lo mismo: el viernes, cuando terminamos de cenar, directamente desaparecimos; el sábado, después de los premios, fuimos a cenar rápido y sin alargar demasiado. La edad, el huso horario y los ritmos nórdicos se notan.
Reencuentros y memoria del podcasting
Uno de los momentos bonitos fue reencontrarme con gente a la que hacía años que no veía, como Emilcar, que recibió un premio honorífico. A mí me dieron uno similar en su día (lo tengo en una estantería desde hace años), así que me hizo ilusión ver cómo ese reconocimiento sigue vivo y va pasando a otras personas que han aportado mucho al medio.
En su charla, eché de menos algo que llevo tiempo notando: la memoria histórica del podcasting en España es muy frágil. Se olvidan jornadas como las de Málaga, organizadas desde la Universidad con el trabajo de gente como Sonia Blanco, o las de Barcelona en 2006, donde el Ayuntamiento cedió el espacio y hubo sponsors importantes.
Cuando no se cuenta la historia desde el principio, da la sensación de que todo empezó “cuando yo llegué”. Y no. Antes de cada uno de nosotros había gente peleando por salas, patrocinadores, infraestructura y comunidad.
Por eso llevo tiempo dándole vueltas a escribir mis memorias del podcasting: cómo conocí el medio, cómo surgieron las primeras jornadas, cómo se montaron los primeros premios y cómo se vivieron esas primeras etapas. Y me encantaría que José Antonio Gelado también aportara su punto de vista, para dejar constancia de lo que realmente pasó, más allá de los recuerdos parciales de cada uno.
El Terrat, Buenafuente y la eterna queja de la industria
El sábado fue especialmente interesante porque pasaron por allí Buenafuente y Mía Font, del área digital de El Terrat. Contaron cómo trabajan el podcasting desde su productora, qué buscan, qué les preocupa y cómo ven el mercado actual.
Una de sus quejas era la dificultad para conseguir sponsors: muchas empresas, en lugar de patrocinar un podcast ya establecido, prefieren montar un podcast desde cero con un influencer o famosa/o y poner ahí su marca. También hablaban de acuerdos con plataformas que pagan por tener ciertos contenidos en exclusiva o con prioridad.
Escuchándolos, no pude evitar sonreír por dentro: muchas de esas quejas son las que llevamos haciendo los podcasters independientes desde los inicios, cuando las grandes emisoras de radio empezaron a subir sus programas en formato podcast y “colonizar” el terreno.
La realidad es que, te guste o no, eso también es podcasting: si hay RSS, te puedes suscribir y el contenido se distribuye como un podcast… lo es. Otra cosa es que sea independiente, amateur, comercial, de radio, de una productora grande o de una persona grabando en su cocina.
Lo que sí me chirrió fue el discurso de las plataformas “que pagan” por estar. La mayoría de los podcasters independientes no vemos un euro: subimos contenido, algunas plataformas ponen publicidad por encima y los ingresos no pasan ni de lejos por nuestras manos.
Directos sin interacción: una oportunidad perdida
Hubo otro tema que me dejó un poco frío: la falta de interacción en muchos directos.
Si haces un directo con público presente, y además lo emites en streaming, lo lógico es aprovechar la ocasión para abrir el micro (literal o figuradamente) a la audiencia: preguntas, comentarios, pequeños debates, algo que justifique el formato.
En varias mesas redondas —incluida la de Buenafuente y Mía Font— faltó claramente un turno de preguntas y respuestas. No cuesta tanto reservar 10 o 15 minutos y cambia mucho la experiencia del público.
Si no va a haber interacción, casi es mejor grabar un buen audio, editarlo con cariño, limpiar ruidos y publicarlo al día siguiente. El directo sin interacción se queda a medio camino: ni la pulcritud del contenido editado, ni la energía del diálogo con la audiencia.
Nuestro directo: Suecia vs. Suiza y chuches raras
El domingo llegó nuestro momento: hicimos un directo conjunto entre Ensuizados y Haciendo el Sueco. En escena estábamos Edu y yo, y en remoto se conectó Rubén (del podcast El parche de Odín y Ocularis), oftalmólogo que vivió cinco años en Suecia.
Hablamos de las diferencias entre Suecia y Suiza, hicimos un pequeño concurso con chucherías suecas de sabores bastante sospechosos —algunas directamente desagradables— y jugamos con el público que estaba en la sala.
El streaming lo hicimos con Quickchannel: Rubén se conectó a través de la plataforma y su vídeo se veía en pantalla junto con el nuestro. La organización lo emitía también en YouTube, aunque yo no tuve acceso al chat allí, así que, una vez más, la parte de interacción online se quedó algo coja.
A nivel personal, me di cuenta de que necesito más práctica con directos delante de público: tendía a mirar más la pantalla que a la gente en la sala. Es algo que quiero trabajar porque, si haces un podcast en vivo, la conexión con quienes tienes delante es fundamental.
Premios con poca audiencia
Un detalle curioso (y un poco triste) fue lo que pasó con la entrega de premios. Durante la charla de Buenafuente la sala estaba prácticamente llena, seguramente más de 100 personas. En cuanto terminaron y comenzaron los premios, se marchó entre el 70% y el 80% de la gente.
Nos quedamos unas 30–40 personas en la sala. Los premios estuvieron bien, el presentador era divertido y jugaba con imitaciones de voces, pero la sensación de “medio vacío” se notaba.
No deja de ser un síntoma de algo que ya sabemos: muchos se acercan por el nombre grande de turno, pero el corazón de estas jornadas sigue siendo la comunidad que se queda hasta el final, premios incluidos.
El espíritu de las JPOD que no debemos perder
Si tuviera que resumir estas JPOD, diría que han sido unas jornadas muy bonitas. No son como las de antes de 2015, cuando había menos oferta y casi todo el mundo se conocía; pero, precisamente por eso, tienen mérito.
Hoy la escena del podcasting está saturada: hay cientos de miles de programas, productoras grandes, radios, marcas, plataformas, influencers… y, aun así, seguimos teniendo un espacio donde se junta la gente que hace podcast “por amor al medio”.
Para mí, las JPOD deberían seguir centradas en eso:
- Podcasting amateur
- Podcasting independiente
- Podcasting hecho por pasión, no por ROI
Que vengan productoras como El Terrat está muy bien: miran qué se cuece, comparten su versión, aportan visión industrial. Pero el foco de las jornadas no debería desplazarse hacia el modelo profesional. De ese lado ya hay otros eventos, ferias, congresos y mercados.
Aquí hablamos de oyentes que van a conocer a sus podcasters favoritos, a tomar una cerveza con ellos, a cenar, a charlar en un pasillo, a compartir micrófono y risas. Eso es lo que hace únicas a estas jornadas.
Un futuro incierto… pero necesario
La parte complicada está en la trastienda: organizar unas JPOD es agotador. La gente de la organización lo hace en su tiempo libre, sin cobrar, con una carga mental y logística brutal. Lo mismo pasa con la Asociación de Podcasting, que también se sostiene con trabajo voluntario.
En este momento hay una presidencia interina y, si nadie toma el relevo, es posible que estas hayan sido las últimas jornadas tal y como las conocemos. Ojalá no sea así. Ojalá haya ganas, relevo generacional y apoyo institucional suficiente para que sigan.
Lo que tengo claro es que, con sus fallos (que los hay) y sus aciertos (que también), este tipo de encuentros son esenciales para mantener vivo el tejido del podcasting independiente en español.
Y mientras tanto…
Yo seguiré haciendo lo que sé y lo que me gusta: grabar, contar, reflexionar, documentar. Quizás ese proyecto de escribir las memorias del podcasting en España se convierta en algo real y acabe en libro o en una serie de episodios especiales.
Si te apetece comentar algo de esta crónica, puedes hacerlo en mis redes, en el canal de Telegram o directamente en los comentarios del blog. Me encantará leerte y, quién sabe, igual coincidimos en las próximas jornadas… si las hay.
Nos escuchamos pronto en Maestro Podcaster.