Àlex Gorina, 2005: todo lo que el cine iba a ser (y fue)
Hay entrevistas que envejecen mal y hay entrevistas que envejecen demasiado bien. Esta es de las segundas.
Escucha la entrevista: https://podcast.danielaragay.net/@danipodcasts/episodes/alex-gorina-2005-todo-lo-que-el-cine-iba-a-ser-y-fue
En 2005 grabé esta conversación para Dime Tú, mi podcast de entrevistas. Mi invitado era Àlex Gorina: crítico de cine, exdirector del Festival de Sitges, voz habitual en radios y televisiones catalanas. Un hombre que llevaba décadas mirando el cine con una mezcla de pasión y lucidez clínica.
Lo que dijo entonces, en plena era del DVD y antes de que Netflix existiera fuera de Estados Unidos, suena hoy a una hoja de ruta que nadie siguió, pero que el tiempo siguió de todas formas.
El DVD es prehistórico
La cita más impactante de la entrevista la dijo Gorina sin titubear, respondiendo a una pregunta sobre la piratería y las descargas:
"Hace más de 100 años que se sigue utilizando el mismo sistema mecánico de proyección. Es antediluviano."
Y luego fue más lejos. Las salas desaparecerían. El vídeo y el DVD estaban "condenados a desaparición". El cine del futuro se vería en proyección digital vía satélite, o directamente en casa a través de internet, con calidad total y sin copia física de ningún tipo.
Lo que faltaba entonces, decía, era que la industria encontrara la manera de cobrar por las descargas. Y añadía algo que en ese momento sonaba casi ingenuo: cuando lo consiguieran, no solo no se opondrían a ellas, sino que ganarían muchísimo más dinero.
Eso fue en 2005. Disney+ llegó en 2019.
El problema no es el precio de la entrada
Gorina también desmontó el mito de que el cine era caro. No es más caro que una noche de copas, que un partido de fútbol, que una sesión de teatro. Lo que ocurre, decía, es que es un problema de escala de valores. La gente no había encontrado la manera de valorar lo que le daba el cine. Pero tarde o temprano, afirmaba, esas descargas iban a costar dinero, y la gente pagaría.
Veinte años después pagamos entre 8 y 18 euros al mes por servicios de streaming que nos dan acceso a miles de películas. Y seguimos quejándonos del precio de la entrada.
El cine oriental como apuesta de futuro
Sobre el Festival de Sitges habló con admiración y con reservas. Le parecía un acierto rotundo la apuesta por el cine oriental: había sido pionera, había atraído a un público muy joven y había abierto una puerta que antes estaba cerrada en toda España.
Pero ya advertía del peligro de la inercia: no todo lo oriental es bueno. Estancar la apuesta, seguir programando por inercia lo que un día fue descubrimiento, sería el error siguiente.
Lo que entonces era una corriente emergente lleva dos décadas siendo mainstream. El cine coreano ganó la Palma de Oro y el Oscar. El cine de terror asiático moldeó una generación entera de directores occidentales. Gorina lo veía venir.
El cine español: siempre los mismos, siempre los mismos temas
La parte más dura de la entrevista fue sobre el cine español. Poco ambicioso temáticamente, monótono, encerrado en tres géneros: comedia, policíaco, drama social. Guiones sin revisar, actores muy buenos pero mal dirigidos, y una endogamia creativa que Gorina describió sin piedad:
"Son siempre los mismos."
Y cuando le pregunto si no habría que evitar decirlo en voz alta, su respuesta es seca: "Y lo digamos."
Lo mismo aplicaba al teatro y la televisión catalanas: el Institut del Teatre formaba actores excelentes que acababan siendo clones entre sí, porque la escuela enseñaba a seguir un patrón en lugar de desarrollar una personalidad propia.
Dos décadas después, la conversación sobre el centralismo creativo del audiovisual español —quién entra, quién no, quién repite y quién desaparece— sigue siendo exactamente la misma.
Una entrevista de 2005 que suena a hoy
Escucho esta grabación y pienso en todo lo que Gorina tenía claro cuando aún no había pasado. La desaparición del soporte físico. El modelo de suscripción como negocio inevitable. La hegemonía del cine asiático. La endogamia del audiovisual español. La necesidad de guionistas que reescriban veinticinco veces antes de rodar.
No fue profecía. Fue observación. La diferencia entre un buen crítico y un mal crítico es exactamente esa: los buenos no predicen, describen lo que ya está ocurriendo antes de que los demás lo vean.
Esta entrevista forma parte de mi archivo sonoro de más de veinte años haciendo podcasts y entrevistas. La recupero aquí porque merece ser escuchada, y porque hay pocas cosas más útiles que saber lo que ya se sabía.